Las presas políticas en escena

La obra teatral Y con esta luna… cartas desde la cárcel, dirigida por Charo Moreno, busca poner en escena su voz y su vivencia como presa política a partir de las cartas enviadas a su madre.

Por Carolina Fernández Ares

I.
Charo fue detenida estando embarazada en 1975. Pasó 12 días secuestrada y desaparecida por un centro clandestino que se empezaba a poner en funcionamiento. Luego fue puesta a disposición del Poder Ejecutivo y pasó diez largos años en la cárcel de Olmos donde fue privada de la libertad, como les sucedió a otras 1100 presas políticas. 

La obra Y con esta luna, cartas desde la cárcel se basa en las cartas que le mandó a su madre durante ese periodo y se compone de lo mismo de lo que está hecho el libro: los restos que perduran en el tiempo, la escritura. Pero el teatro es presente, es cuerpo y voz, es la experiencia de algo encarnado. Allí está esa Charo, respirando el espíritu de esa celda, en esos años. 

Como directora de la obra, Charo cuenta con el poder del valor testimonial para dar cuenta de la cotidianeidad de esas mujeres que pusieron sus ideales por sobre su comodidad. Como sociedad argentina nos debemos todavía la labor minuciosa de ahondar en cómo fue que se vivía un espíritu social de cambio, de lucha, de revolución por un mundo más justo. No es suficiente el análisis. Las disputas en lo discursivo hoy parecen girar en falso, teñidas por intereses políticos, y hasta han llegado a utilizarse argumentos absurdos. Especialmente lo vemos hoy con la irrupción de La Libertad Avanza (LLA) y su simpatía con los militares. Las cartas desde la cárcel se alejan del análisis y de la búsqueda por generar empatía. Son ventanas a la vida, la cotidianeidad, los modos de organización de las mujeres hacia adentro del penal (lo mismo adentro, afuera).

Cómo hizo para sostener en el cuerpo y en el espíritu el embarazo, cómo fue el parto en prisión, el tener que entregar a su hijo a los seis meses, el puerperio. No se indaga, no se analiza ni se recuerda hacia atrás, sino que las cartas del día a día traen esa voz, esas preocupaciones y esas fuentes de la fuerza. Porque si algo hay en esas cartas es la confirmación de que había fuentes de la fuerza, de la resistencia. 

La pregunta artística es cómo compartirlo. No es garantía hablar desde el presente sobre la experiencia pasada. Los discursos sobre la experiencia argentina durante la última dictadura cívico-militar se fueron solidificando y cada vez polarizando más, saturándose. Hoy, imaginar un clima revolucionario donde se pueda pensar otro modo de organización del mundo más justo, es casi imposible. Como escribió una vez León Rozitchner, “hay campos de concentración para las ideas, y también hornos crematorios para los recuerdos. Las ideas también pueden tener el mismo destino que los desaparecidos”. Cómo volver a acercarnos a pensar la historia argentina sin sobreimponer los sentimientos que se fueron erigiendo y consolidando. Cómo traer esa vivencia de esas ideas. Charo recurre a las cartas, y de las cartas pasa al teatro. Pero no ficcionaliza. Selecciona lo escrito para que hable por sí mismo.

II.
“Si quisiera recordar, no podría hacerlo con la precisión de los detalles diarios, y olvidaría claramente algunos pasajes u opiniones”, dice Charo en la carta que adjunta, como epílogo, en el libro. Y con esta luna es el nombre del libro que recopila las cartas que Charo le mandó a su madre durante los diez años que estuvo presa. Son las cartas crudas, sin prólogo que las enmarque, sin reescritura, sin explicación, sin marco narrativo. Las que su madre le mandaba a ella no están: había una cantidad restrictiva de cartas que podían conservar en la celda. Pero las que ella mandaba a su madre continuaron con vida, y en un bolso Charo las fue mudando consigo a lo largo de los años. El propio testimonio por sobre el recuerdo elaborado. 

Cuando me prestaron el libro y lo tuve entre mis manos, no supe cómo tratarlo. Pensé que quizá debiera sostenerlo como un pequeño animalito que esconde una canción que sólo va a soltar si es cuidado con suavidad. La edición de Elemento Disruptivo editora es un objeto artístico. Hay pliegues, delicadezas. Las cartas están por orden cronológico, y cada año de los diez años resguardados del tiempo en el papel, del 74 al 84, tiene la forma de un sobre que se abre. Comienza con las primeras cartas que mandó desde su exilio en Argentina en 1974, cuando vino para resguardarse de una situación cada vez más peligrosa por el accionar de las fuerzas represivas de Uruguay. Sigue con su declaración testimonial del 2010 sobre su secuestro en un centro clandestino de tortura, y luego comienzan propiamente las cartas desde la cárcel una vez que es legalizada. Cartas que llevan, y llevaron, el sello de censuradas que, paradójicamente, en el lenguaje de los represores indicaba permitido. 

Si se tiene el libro abierto sobre el regazo y se lo está viendo desplegado, unx siente que requiere un cuidado y una atención especial. Es la voz del momento pasado, la voz de la joven detenida, de una joven detenida, una voz donde se tejen la esperanza, la lucha, la paciencia, la inocencia, y la espera. La lectura se vuelve entonces profanación de la intimidad, al mismo tiempo que una intromisión en la sinceridad y la congoja propias de esta joven presa.

17 de diciembre 1975:
Queridísima madre:
Aunque parezca mentira, recién hoy a la mañana me puse a escribirte una carta. Y quizá sea porque supongo que hoy venís. No es porque no sienta necesidad de estar contigo, de saber de vos y de contarte, sino, porque lo que quiero es verte y a veces me olvido que la carta es el medio que más tenemos que usar, y además casi el único que tenemos. (…) Ahora lo que puedo hacer es escribir y entonces tengo que escribir. Después, más adelante, podré tomar mate y charlar y entonces es lo que voy a hacer con más ganas que nunca.”

III.
Cómo transmitir la vivencia histórica. Cómo mostrar la verdad de esa experiencia. Piglia rescata de Walsh la idea de que el documento, el testimonio, admite cualquier grado de perfección; en la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas. Es decir, no es necesario para Walsh, ni estrictamente más efectivo (sino todo lo contrario) la utilización de la novela para lograr los efectos buscados: develar un aspecto de la realidad que se atenga a la verdad. Él elige quedarse con el testimonio, con la investigación. Para Walsh, la denuncia traducida al arte de la novela se vuelve inofensiva, es decir, se sacraliza como arte.

De eso se trata sumergirse en el libro de cartas y en la obra de teatro Y con esta luna, la inmensa manera que encontró Charo de contar su vivencia (personal, pero la de tantxs), su entrega, esa disposición a dar la vida por algo más grande, y el ambiente en el que luchó, junto con tantxs compañeraxs que fueron catalogadxs como subversivxs terroristas. Ella se encarga de rescatar la voz de una de ellas para poner sobre la mesa que no fueron seres extraterrestres quienes estuvieron dispuestos a dar su vida, sino los hombres y mujeres que asumen un compromiso con el mundo en el que viven.

Podemos hacer una constelación con otros textos que buscan quitar el velo a la violencia estatal y lo hacen con un tratamiento cuidadoso del material que disponen, (entiéndase que procuran, que consiguen a base de profundas y hasta riesgosas investigaciones).
Por un lado, Operación masacre de Rodolfo Walsh, sobre los fusilados de José León Suárez la noche del levantamiento de Valle en 1956. La historia de una investigación sobre un fusilado que vive. Una historia cinematográfica, según palabras del propio Walsh, apta para todos los ejercicios de incredulidad. Pero no por eso la vuelve novela, ni ficción, sino que busca escribir para que la verdad misma logre regurgitar de esas páginas escritas a partir de esos testimonios orales. También el cuerpo de los protagonistas, sus miedos, sus marcas son parte de la verdad. Como investigador, observar y contar lo que ve forma parte de lo que debe contar. “Lo primero que me llamó la atención en Livraga fueron, naturalmente, las dos cicatrices de bala (orificios de entrada y salida) que tenía en el rostro. Esto también era un hecho”.

Por otro lado, La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska, sobre la sangrienta represión hacia una plaza colmada de estudiantes del 2 de octubre de 1968 en manos del ejército mexicano. Es un texto polifónico, donde se recopilan voces de la experiencia de muchos testigos que contradicen por su saber vivencial el discurso estatal que intenta justificar su accionar por la violencia de los manifestantes. Poniatowska arma un coro con las voces sin modificar. Selecciona de los testimonios los destellos que en la constelación textual colaboran para poder explicar mejor los hechos, las implicaciones y las reverberaciones de esa noche en todo el campo social. Nada de lo que ocurre puede verse desde un solo discurso. Es en el entramado donde se percibe mejor la complejidad de un acontecimiento.


IV.
Cuando solo queda el silencio y la oscuridad, ella entra y dice Yo soy Charo Noemy Moreno. Y entonces se rompe instantáneamente la representación para ser de pronto la encarnación de eso representado. ¿Qué viene primero, la vivencia o la representación? Para ella la vivencia. Para nosotrxs, de este lado, espectadores, primero la representación, para luego asir el germen de la representación: su experiencia, su vivencia en la cárcel.

Cuando se van las cuatro actrices queda flotando una personalidad incorpórea, la de esa joven, Charo, que escuchamos por la voz de las actrices. En la obra, las cuatro actrices son ella. Las cuatro son ella o son cuatro presas, o no son ninguna y son una impersonalidad corpórea, o son tantas y al mismo tiempo cuatro; entre ellas, ella. Eso en el teatro es posible.

No es posible salir de la obra de la misma manera en la que se entró. La mirada de cada espectador, su lectura del proceso de la última dictadura cívico-militar, su saber construido sobre los procesos de liberación de los pueblos, chocan y completan el sentido de la obra y complejizan la propia mirada. El efecto se produce en ese cruce. Lo que sabe, lo que escuchó, lo que le contaron, choca y se entreteje con el relato que se construye a partir de la voz rescatada de las cartas. Después de la vivencia teatral, el silencio es como una roca que cae en un acantilado.

Similar Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *