Gabino Silva: trabajo para mí

Desde el conurbano sur hasta territorios ocupados en Medio Oriente, Gabino Silva registra sus viajes como un experimento vital. Lo que empezó como una provocación errática y borderline —entre la burla, el delirio y el grito— se fue convirtiendo en un lenguaje propio, cada vez más agudo, sensible y político. Sus videos, incómodos y adictivos, narran no solo el mundo que recorre, sino también su propia transformación. Esta crónica sigue esa deriva para entender qué busca Gabino y qué dice su mirada sobre el presente.

Por Fernando Simonetti

Gabino Silva en una de sus primeras apariciones públicas, armado con cámara, barbijo y verbo. “Hoy soy el zorro de las nueve colas”, dice, antes de pedir que lo violen frente a cámara.

Desde el conurbano sur hasta territorios ocupados en Medio Oriente, Gabino Silva registra sus viajes como un experimento vital. Lo que empezó como una provocación errática y borderline —entre la burla, el delirio y el grito— se fue convirtiendo en un lenguaje propio, cada vez más agudo, sensible y político. Sus videos, incómodos y adictivos, narran no solo el mundo que recorre, sino también su propia transformación. Esta crónica sigue esa deriva para entender qué busca Gabino y qué dice su mirada sobre el presente.
“Espero que no nos maten acá, porque siempre el peligro nunca me deja de seguir. Es como que camino-peligro: donde sea que vaya, siempre hay peligro. Es muy problemático para mí, pero me mantiene en movimiento. Porque si no me muevo, me muero. Y si me muevo, tengo posibilidades de morirme. Hay que elegir un camino: quedarse quieto o moverse”, dice Gabino Silva.

El video comienza con Gabino bajando del tren, cámara en mano, con la cara tapada por un barbijo naranja de Naruto y unos lentes oscuros que no se saca ni en días nublados. Luego pide que lo violen frente a cámara, y enfoca a un vendedor africano que se enoja:

—Paralo, ¿por qué me sacaste fotos?

—I no take pictures, I’m recording a video men.

—¿Por qué la filmaste?

—I’m recording a video.

—¿Por qué la filmaste?

—It’s for YouTube, it’s for YouTube.

—Bueno, parala —le apunta con el índice.

—Ok, ok, bye, bye, don’t fuck with me.

El primer comentario sobre ese video en su canal GabinoSilva es directo: “Qué carajo es esto, hay que ser pelotudo para disfrutar estos videos”.

Una estación de tren, un tipo sentado, alguna gente al costado. Barbijos. Gabino lo señala, lo apunta con el A-K 47 que lleva tatuado en el brazo izquierdo. Lo paraliza con la cámara:

—Este tipo que está acá me quiere pegar, me quiere violar, supuestamente, no sé, está ahí con cara de violador sentado. Hijo de mil putas, nadie le está haciendo nada. Yo me siento acá en el banquito, y me está rompiendo las pelotas, este gil.

Lo invita a pelear. Le ofrece apagar la cámara y salir de la estación. El tipo sonríe, lo mira. Siempre sentado.

Más tarde, en Avellaneda, dice: “No me pude comer un pancho”. Y aunque repite que el video terminó siendo “un asco”, sigue grabando. Camina por la estación Calchaquí del Metrobús. “La vida es una mierda”, lanza. Luego charla con una chica, la halaga, le da dos besos. Ella se ríe. Sigue su camino, habla en inglés con un señor que lo mira sin saber qué contestar, saluda a dos pibes en una peatonal:

—¿Qué sos, youtuber? —pregunta uno.

—Maso menos, pelotuber —responde Gabino.

El video termina con gritos: “¡Hijos de puta! ¡Nos recibimos!”.

(El video fue subido en enero de 2021 y, al cierre de esta crónica, cuenta con más de un millón de vistas.)

Ruido y furia

“Qué lindo que es estar en Mar del Plata”, dice Gabino mientras canta con una sonrisa metálica y saluda a extraños en la calle.

Gabino Silva nació en el último estertor del siglo pasado en Bosques, Florencio Varela, un barrio de clase trabajadora del sur del conurbano bonaerense. Pasó por varios colegios de la zona, uno por año: “Me echaron del Santa Lucía de Varela en agosto y me mandaron a uno en el fondo de Solano. Encima yo iba vestido re flogger y ahí eran todos re turros. Me castigaban bastante. Un día un gordo me dio un cachetazo y le partí una silla en la espalda”, contaba en una nota que le dio a MDS, un grupo de amigos también marginales, también creadores de contenido, también de Varela.

(Gabino forma parte de una constelación de creadores que se nutren del contacto con la calle: legiones de youtubers que, cámara en mano, salen a buscar realidad para transformarla en virtualidad pura).

Hay sol. Gabino canta: “Qué lindo que es estar en Mar del Plata” y deja entrever un diente de metal. Ríe con toda la dentadura. Pasa por una feria en la calle Luro. “Justo lo que estaba buscando: ropa usada, reciclable”.

—Hola Gabino —le grita uno por ahí. Él responde amable.

Se detiene en un puesto de cintos. “Hola señora, ¿cómo le va? ¿Se compraría un cinto usted?”. La señora ríe, a pesar del gran barbijo blanco que le cubre la cara.

Cruza. Lo acompaña un pibe con barbijo. Enfrente hubo un accidente. “Ni cabida con la viejita, ¿no? Una jubilación menos que pagar”, bromea Gabino. Sigue por la peatonal. Se siente la proximidad del mar.

“Está buenísimo el aire que se respira en Mar del Plata. Necesitaba irme a la mierda un poco”, dice. En la playa hay viento, se presume algo fresco. Lo acompaña una chica que sonríe a cámara. Gabino le manda saludos al novio, al exnovio, se corrige.

Junto al lobo marino de piedra hay dos señoras. Gabino les pregunta si son gitanas. Ellas se ofenden. Él bromea, las halaga: “Se ven muy fashion, muy bonitas”. Sigue. Se manifiesta a favor del invierno. Un tal Pablo lo saluda y le agradece por sus videos. “Me salvaron más de una noche”, dice. Gabino pregunta cómo llegar al Maral 39. Caminan abrazados unos metros. Se saludan con un golpe involuntario de cabezas.

—¿Para quién trabajás? —pregunta un anciano de Pontevedra, luego de indicarle dónde está el Maral 39, el edificio desde el que Olmedo se arrojó al vacío.
—Trabajo para mí. Trabajo para un canal de YouTube —responde Gabino.

(«Un villero en Mar del Plata» fue subido en agosto de 2021 y, al día de cierre de esta crónica, cuenta con más de 436.000 vistas.)

Si no me muevo, me muero

“Hoy estoy de gala”, dice Gabino frente a la cámara en su casa, anticipando algo espectacular.

“¿Tanto tiempo, no? Hace mucho que no hacía esto, está bueno”, dice Gabino, sentado frente a la cámara en su casa. Lleva lentes oscuros y una camisa negra que hace juego con su pelo recién lavado. A su espalda se ve un perchero con una cartera negra, una riñonera bordó, un tapado marrón y una prenda negra que cae del caño superior, tapando otro abrigo. A la derecha, un espejo apoyado limita con una mesa de luz recortada, donde se ven algunos libros.

“Hoy estoy de gala, por si no se dieron cuenta; me puse una camisa porque voy a hacer algo espectacular, algo espectacular para mi mente, algo espectacular para mi cola, por así decirlo”.

En la estación de micros de La Plata suena “Todos son números”, tema del rapero Olimac Rizas, con el que Gabino decidió titular el video.

Ciudad de Buenos Aires, antes de tomarse el subte B en la estación Alem, decide pasar por el Luna Park.

“Espero que no nos maten acá, porque siempre el peligro nunca me deja de seguir, es como que camino-peligro, donde sea que vaya siempre hay peligro; es muy problemático para mí, pero me mantiene en movimiento, porque si no me muevo me muero, y si me muevo tengo posibilidades de morirme. Hay que elegir un camino: quedarse quieto o moverse”.

Lo vemos llegar hasta el barrio de Chacarita, pasando por una feria que lo pone de buen humor.

“Venden ropa, te podés comprar una ropa re rica”, dice llevándose en montoncito los dedos de la mano derecha hasta la boca para terminar en un beso ruidoso al aire que, luego del sonido, bate los dedos en retirada.

Sigue caminando por la feria, se detiene en un santuario del Gauchito Gil, para luego continuar su marcha rumbo al cementerio. Antes, se sienta en el Parque Los Andes a comer dos empanadas: una de choclo y otra caprese. Mientras come, saca un volante que le acaban de dejar y, al descubrir que es de Nicolás Del Caño, lo rompe en pedazos.

“A la verga Nicolás Del Caño, me chupa un huevo”.

El encuentro con Olimac Rizas se produce en la puerta del cementerio. Se abrazan efusivamente.

—Me miré como cincuenta entrevistas tuyas —dice Gabino mientras lo abraza.
—¿Sí? Pero no digo nada.
—Y escuché toda tu música.

Rizas tiene un cuadro en la mano, pintado sobre un cartón que encontró tirado por ahí. Mientras compran flores para llevarle a un tío que los violó —según le explican a Graciela, la florista—, le piden que cuide el cuadro hasta que salgan del cementerio. El cuadro es un regalo para Gabino y representa a Urano cortándole la pija a Saturno.

Ante la negativa del personal de seguridad del cementerio a que ingresen a dejarle flores, deciden seguir su camino.

—¿Cómo me dijiste que se llama todo esto que está acá? —pregunta Gabino.
—Esto es la villita del cementerio. Ahora vamos a conocer un par de compas. La verdad que es re crudo, esto pasa en Chacarita, enfrente del cementerio. Imaginate cómo está el país, loco. Hay que ayudar, hay que pensar en la gente que está acá tirada, porque a la noche hace frío, ahora hace calorcito, después a la noche hace frío —responde Rizas.

Unos metros más adelante se sientan en la plaza a tomar una gaseosa de pomelo.

—La única discrepancia que tenemos acá con el muchacho es que es peronista —dice Gabino.
—No, que peronista —se defiende Rizas.
—Este hijo de puta es peronista-kirchnerista —insiste Gabino.
—Primero, no soy peronista porque tenés que trabajar ocho horas al día, y para mí no hay que trabajar. Segundo, no soy kirchnerista, solamente le mando un saludo a Cristina.

Unos instantes después compran un ramo de flores y se lo regalan a una señora que estaba sentada en una silla, al costado de la feria. Luego conversan con un grupo del PTS que se manifestaba a favor de la legalización de la marihuana.

—PTS, ¿qué significa señor? La verdad que yo no sé —pregunta Gabino.
—Partido de los Trabajadores Socialistas —responde uno.
—Ah, por eso Nico Del Caño fumándose un caño, porque quiere la marihuana legal. Vamo la marihuana legal, eh. A mí me hace mal la marihuana —dice Gabino.
—Pero va a haber cocaína para vos —responde Rizas.

Se suben a una camioneta, comparten una empanada de verdura y aparecen arriba de un velero en el medio del Río de la Plata. Se tiran al agua, primero Gabino, después Rizas. Nos damos cuenta de la temperatura recién cuando se tira este último. El agua está helada, Gabino casi ni se inmuta.

Unas últimas palabras mientras recuperan algo de calor. Después, una yuxtaposición de imágenes de la caída del sol y de ellos en la estación Plaza Italia de noche, mientras suena No puedo parar, tema de Linyeras Crew, Ft. Rizas.

El primer comentario que podemos leer dice:

“¿Quién es Gabino Silva? Para el ciego, es la luz. Para el hambriento, es el pan. Para el enfermo, es la cura. Para el solitario, es la compañía. Para el triste, es la alegría. Para el prisionero, es la libertad. Para el pobre, es el tesoro. Para mí, es todo.”

(En un registro similar al de Gabino, podemos encontrar al italiano Zazza, el español Lethal Crysis, Go Carlos de Chile, Kraig Adams de los Estados Unidos y los argentinos Mauro Albarracín —más conocido como LESA— y Joaco Santos.)

Primero está el pánico

“No puedo parar de llorar. Es muy loco lo que me está pasando. Creo que es una sensación de bienestar, supongo”.


Córdoba capital. Gabino ya es una celebridad de internet. Lo paran en la calle, lo reconocen, se saca fotos. Pasa por el monumento a Rodrigo, por el de la Mona. En la plaza San Martín, entrada la noche, dice a cámara: “Si nos vienen a matar la poli y nos vienen a violar, eeeh, culpa de quién va a ser. Culpa de los cordobeses hijos de puta que no nos dejan andar en la calle”.

Va hacia el Uritorco. Lleva un gorrito coya, lentes de sol, un buzo que pronto se sacará. Camina solo, mochila al hombro, cámara en mano. “Lo voy a hacer acá”, dice. Se sienta y muestra un puñado de hongos: “Me voy a tomar unos hongos que me encontré”. Los mastica frente a cámara, toma un trago de agua y arranca el viaje.

“Ya está, estoy rejugado. Espero que no quede colifa o me re pierda. Encima ni estoy a mitad de camino, recién empiezo”.

Comienzan los pitidos. No sabe si son reales. “Estoy perdido realmente. Creo que voy a llorar”, grita. Está solo con su propio eco. “¡Hijos de puta!”, grita. Está amaneciendo: “Estoy cerca del sol, la puta madre. ¿Soy el sol? No, no soy nadie. Pero es increíble esto”.

Siente ganas de vomitar, escucha voces. “Estoy más lento de lo normal, los colores son diferentes, los olores… Mirá qué linda flora hay. Qué linda flora”. Saca de la mochila un aldeano de juguete y lo deja sobre una roca: “Espero que estés bien, aldeano. Te mando un besito”.

Camina hacia el Dique Los Alazanes, construído con materiales acarreados a lomo de mula. Fuera de la ciudad, fuera de “toda esa verrrga inmunda”. Son las 10:50, casi tres horas de caminata. “No puedo parar de llorar. Estoy partido al medio, pero es una sensación linda. De vez en cuando está bueno llorar”.

La cámara muestra la cima. “We made it. We made it”. Las zapatillas están hechas mierda. Gabino sonríe: “El paisaje te lo obsequio. Te lo dejo para otro día.” Hay vida después del pánico. Pero primero está el pánico.

(Hongos en sierras cordobesas fue subido a YouTube en julio de 2021 y, a la fecha de esta crónica, cuenta con más de 738.000 vistas.)

No más lamentos en el muro

“Eso que está ahí es una inteligencia artificial: si detecta amenaza, dispara”, explica Gabino.

De Florencio Varela a Palestina. “Luego de pasar por Israel, en pleno conflicto, me encuentro en Hebrón, una de las ciudades palestinas más complicadas en este momento. Allí se encuentra uno de los puntos religiosos más importantes tanto para judíos como para musulmanes: la tumba de los patriarcas, donde yacen Jacob, Abraham e Isaac, junto a sus esposas. Esto genera demasiados conflictos entre judíos y musulmanes.

Hebrón está dividido en dos partes, H1 y H2, y el veinte por ciento es territorio judío. Años atrás, los judíos tomaron tierras ilegalmente, a pesar de un tratado firmado. Sin embargo, ellos siguen reclamando —entre comillas— sus tierras. En toda Palestina hay un sistema de identificación con reconocimiento facial; están controlados al máximo”.

(Entrando a PALESTINA: ¿Viven encerrados?, fue subido en agosto de 2023 y cuenta al día de esta crónica con más de 644.000 vistas.)

“Eso que está ahí es un sistema de disparo automático. Eso es una inteligencia artificial; si llega a ver que estás en modo de amenaza, eso te dispara. Smartshooter”, dice Gabino mientras nos muestra un lugar enrejado, con molinetes y una cámara que puede disparar en cualquier momento.

Habla con un tipo que le pregunta su nombre y el de su acompañante. “My name is Gabino”, responde él, y “Caroline”, dice una chica que lo acompaña, ambos con acento argentino.

Le acabo de preguntar al señor si esto es Palestina y “all the country, todo el país es Palestina”. Literalmente están atrincherados; es la primera vez que veo una bandera palestina y es muy chiquita. Israel se encarga de que su bandera esté por todos lados.

“Ellos quieren nuestra casa, ellos quieren todo, pero nosotros nos bancamos entre nosotros y estamos juntos… Si yo tengo amigos en Israel, pero no son mis amigos. Jugamos por internet y no hablamos de nuestros países, hablamos en inglés y jugamos, y nunca hablamos de nuestros países. Acá en Hebrón no vive gente de Israel”, le dice un joven que lleva gafas y una gorra para atrás.

Aparece un pibito con una remera de Messi; se sacan unas fotos mientras le piden plata a Gabino, que sigue su camino junto a Caroline y el joven palestino que oficia de guía.

“Todavía sigo sorprendido del choque cultural que se genera cuando cruzas esa barrera; realmente están atrincherados. Esto es otro mundo”.

Gabino compra unos pares de medias, sorprendido por la diferencia de precio que hay en territorio palestino en comparación con Israel. Hay mucha mugre en todos lados, pero no se ve gente durmiendo en la calle, nos dice. Los pocos momentos de silencio son narrados a través de imágenes de la ciudad y música local.

“Messi, Messi, Messi”, les dice Caroline a unos pibitos, mostrándoles una remera que venden en un puesto callejero.

Vuelven a pasar el checkpoint. “Esto sería al otro lado del charco: todo desierto. Ahora que veo esto, no me puedo poner en ninguna posición. Yo creo que es toda la gente de arriba; los que más sufren son la gente de clase media, la gente más pobre. Los de arriba se pueden recontra cagar de risa entre ellos, hasta tal vez se dan la mano. Los de abajo están más agresivos”.

El primer comentario dice:

“Yo soy el que entró por la puerta de la esquina, la persona que vendía café y quien te guía al mismo tiempo. Gracias por compartir la información que te conté y que compartiste con tu canal y tu ciudad. Al mismo tiempo, eres bienvenido en la ciudad palestina, una ciudad que no se puede perder y, a la vez, tan antigua que su gente está dispuesta a sacrificar algo por ella.” (Traducción de Google)

(Quizás el paradigma de ese tipo de youtuber sea Luis Arturo Villar Sudek, el mexicano más conocido como “Luisito Comunica”, uno de los cinco canales con más suscriptores de México y uno de los cien con más suscriptores a nivel global.)

Nos recibimos

Gabino en su primer Niceto, junio de 2024.

Viernes catorce de junio de veinticuatro. Festival Refresco, evento de música pensado originalmente para el calor del verano, donde se rociaba al público con agua. Pero es invierno y hace frío, el festival se extendió a todas las estaciones y por él pasaron bandas como Fantasmagoría, Mujercitas terror, Winona raiders, 107 faunos, atrás hay truenos, entre otras. Namasté queridos pasajeros, namasté queridos televidentes, y el milagro se produce: de youtube a Niceto, de Varela para el mundo, Gabino Silva está sonando en vivo, junto a Acosta de todo (Mariano Acosta) le dan vida al proyecto musical de Gabino. Quizás esto último sea un tanto aventurado, pero qué más da. Lo cierto es que Gabino Silva está tocando en vivo en Niceto.

Saluda a su abuela que está arriba a la izquierda, y de pronto todos la saludamos y la-abuela, la, la, la, la, la, y ella baila y mueve los brazos, en lo que también es su festejo.

No tomen mucho alcohol, en un mes va a hacer un año que no tomo alcohol ni estupefacientes, solo agua y vida.

La banda sigue sonando, y parece que hay problemas con la guitarra. El violero afina, se agacha, el show se detiene unos instantes, luego continúa, todo es festivo, pero de nuevo la guitarra. ¿nos vamos? Gabino habla con el público, reconoce a un amigo, le pregunta qué es lo que él decía que debían tener los violeros, este le grita que sangre, la sangre que sube caliente a la jeta del violero que trata de pasar el mal trago como puede. 

***

Sale con un carry on 

Se saca fotos con todos, pregunta si hay algún Otaku, se saca foto con todos

Pide perdón 

¿Vos sos Otaku?

Saluda a la familia; 

No va a dejar una cámara 

Sin disparar;

Gabino, un segundo 

Espérame un poco

Siguen las fotos, los saludos, la abuela se hace presente y le pide que se saque fotos con un pibe.

Se saca foto con tres chicas y un chico que destilan glamour y posan como celebridades. Una breve, si me podes dar un comentario breve de lo que fue este primer Niceto para vos.

Fue increíble la verdad este Niceto, me sorprendió un montón, vino muchísima gente, estoy muy feliz, siempre el amor de la gente me llena una banda, por eso…lo estoy haciendo últimamente y, nada, estoy muy contento la verdad, muchísimas gracias por estar acá.

Te felicito, nos recibimos, loco

Gracias, nos recibimos.

(A la fecha de esta crónica, agosto de 2024, Gabino Silva se encuentra en las Bahamas, o quizás esté en Varela, tiene dos canales de youtube, su canal principal data de febrero del 2020, cuenta con 741.000 suscriptores y su video con más vistas es A las piñas en San Telmo con más de tres millones de vistas).

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