Rumiaba el silbido del viento

En estos días grises vimos que todavía es posible un nosotros. A una semana de la partida del Indio Solari, compartimos una reflexión sobre la despedida de un artista que desbordó los límites de la música para convertirse en parte de la cultura popular argentina.

Por Fernando Simonetti y Flavia Schipper / Fotos: Noelia Guevara

En estos días grises vimos que en la Ciudad de Buenos Aires una Plaza de Mayo desbordó de pueblo. Abrazos, llantos, canciones desde los autos, los bares, las plazas, los posteos, los canales, las casas, los barriales, despidiendo a Carlos Alberto “el Indio” Solari. Canciones nuestras, por que si hay algo en lo que más o menos podemos estar de acuerdo hoy en día es que Los Redondos son fueron y serán un fenómeno argentino.

La misma plaza fue el escenario de un show absurdo de la Policía de la Ciudad, que reprimió a la gente que celebraba una misa, su misa, en la que hubo hasta curas villeros que no temieron a los gases lacrimógenos, pues ese río de lágrimas, las del pueblo eran bien redondas; mientras el Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, reconocía que el velorio del Indio se realizó en paz con una procesión de medio millón de personas en el predio Gatica en Villa Domínico en el conurbano bonaerense. Y se está bien caminando. 

En estos días grises vimos a una abuela ricotera de 89 años con una remera de Patricio Rey sostenida por un andador y varias manos en la puerta de un geriátrico en Avellaneda saliendo a saludar mientras sonaba Ji, Ji, Ji al palo. Es que todo ricotero que se precie de tal, conoce a la banda de su vida por el boca a boca. Alguien prestaba un cassette, escuchaba a hermanos mayores, recibía una recomendación del vendedor de la disquería o quizás hoy reproduce una playlist, por eso sus fans pueden ser infantes o adultos mayores. 

En estos días grises vimos los versos materializados en tatuajes, remeras, banderas. Así se despide a quien para un hacedor de poemas como Martín Gambarotta, es el Poeta Nacional. Porque si podemos llegar a ponernos de acuerdo en algo más, es que el Indio Solari inventó un lenguaje, o para ser precisos, una lengua dentro de la lengua popular: argentina, rockera y de ricota. Y se está bien caminando a tu lado en cualquier dirección.

El periodista y fundador de La García, una de las revistas más emblemáticas del mundo del rock en Argentina, Martin Correa, dijo una vez que dos pelados fueron sus referentes musicales mientras él mismo enfrentaba la alopecia. “Me deslumbraba Luca, porque se plantaba en escena como nadie, se salía del molde, provocaba. Pero en el fondo, mi sueño era escribir como el Indio. Un tipo que en el escenario tenía una elegancia que se elevaba apenas un poquito más que la de un tipo común”, confesó en La última noche de Patricio Rey.

En estos días grises vimos a los mismos de siempre, esos chimangos despiadados -que nos quieren hacer tragar sin culpa la mentira de sus amos- saliendo a pegar debajo del cinturón, con el desprecio atávico hacia todo aquello que huele un poco a pueblo, pero no. No lo merecen. Volvamos a la despedida del Indio y a la cantidad de gente que peregrinó para dar cuenta de que todavía es posible un nosotros. Y se está bien caminando a tu lado en cualquier dirección, del lado de la tierra.

En estos días grises vimos a un paralítico volando, por la energía que insufla el dios de los rotos, así lo nombró una mujer y mientras la escucho, pienso en La gran salina de Ricardo Zelarrayán y de repente todo tiembla, como si estuviera en el tren que pasa por la gran salina, todo a mi alrededor trepida, todo se estremece. 

Retomando La gran salina, habría que reemplazar la palabra misterio, al menos hoy, al menos por un rato,  pues esta no alcanza para explicar nada, o quizás, ante la fatal certeza de lo irresoluble del misterio, como le escuché decir a Agustín Valle: “Los misterios no pueden resolverse, pero pueden enriquecerse, transformarse en misterios mejores.”Este asunto está ahora y para siempre en nuestras manos. Y se está bien caminando a tu lado en cualquier dirección, del lado de la tierra, escuchando tus canciones.

A una semana de despedir su cuerpo, el mundo entero convive con el espíritu del Indio. Sus letras, su espíritu autogestivo, resiliente pervive en cada acto de resistencia a un presente que nos exige obedecer. La rebeldía de la familia ricotera vive como el sonido colateral que trae el viento, para todo el que escuche. 

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