Desde un quirófano en la selva lacandona

Ahí, sobre este pequeño monte selvático que el camino rodea para llegar al caracol (centro de región territorial de las comunidades autónomas zapatistas), justo después del desvío donde se lee “Caracol VIII Dolores Hidalgo, La luz que resplandece al mundo”, las y los zapatistas han decidido construir un quirófano

Por Carolina Fernandez Ares

Somos cuatro hermanos y hermanas internacionalistas que, junto con compañeros albañiles y compañeros ayudantes de turno, cargamos carretilla tras carretilla de grava y de escombros para rellenar esos recintos que están al fondo del pasillo, al lado izquierdo. Estamos trabajando en la construcción, y la vemos muy avanzada. El quirófano empezó a construirse hace unos pocos meses. A pesar de que todavía no han utilizado los fondos que se recaudaron en campañas de solidaridad internacional, ya se erigen altas las paredes, las tuberías de drenaje yacen debajo de la grava que hace de piso, ya se distinguen los espacios para las ventanas. Eso sí, no hay techo aún, es sol y nubes, lluvia y viento, según el ánimo de la selva.
Un quirófano autónomo en la selva lacandona.

-¿Cómo se eligió que fuera aquí la construcción?- a las preguntas que hacemos los extranjeros, aquí hermanos y hermanas internacionalistas, las responden siempre con entereza, como si se le repitiera a un niño que necesita encontrar detrás de diferentes fenómenos una misma lógica.


-Lo decidimos en común. Primero se vio la necesidad en las comunidades y después se llevó a diferentes asambleas para ver cómo le hacíamos.

Ante nuestra insistencia, pero cómo, entonces ahondan en su nuevo sistema de gobierno, reorganizado en 2023 para responder mejor a las necesidades del pueblo y a esa pauta de la autonomía: el pueblo manda y el gobierno obedece. Nos cuentan cómo ahora en cada comunidad donde hay bases de apoyo zapatistas existe un Gobierno Autónomo Local. Cada GAL se conecta con otros por un sistema de comisariados. Así han logrado que ante cada decisión la voz última la tengan las comunidades. Si un proyecto involucra a todo el movimiento e implica una organización de mayor alcance, se convocan Asambleas de Colectivos de Gobiernos Autónomos. Los procesos son largos, de debate y de pensamiento, suenan diversas voces y hay paciente escucha, sin embargo cuando las decisiones se toman son inalterables. Como la decisión de levantar este quirófano en la selva lacandona.

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Primero escuchamos la sirena. Durante unos segundos suspendo el impacto de la pala sobre la montaña de escombros, levanto la mirada y veo a la ambulancia pasar apurada desde el caracol. Ya el sistema de promotores de salud autónomo ha actuado. Continuamos.

Vemos llegar al compañero que fue a buscar el desayuno. Se acerca por el camino que viene del caracol con una mochila sobre la espalda, la misma que apoya sobre la mesa y de la que saca recipientes con frijoles, maíz, café de olla. Esta vez nos cuenta sobre la urgencia. Una mujer estaba dando a luz en la clínica autónoma, allá en el caracol, y durante el parto su bebé falleció en la panza. Fue llevada en ambulancia a Ocosingo. Las parteras y los promotores de salud han hecho todo lo que está a su alcance. Me la imagino recostada en la ambulancia. Pasará dos horas en la carretera, saltando con los hoyos, esperando llegar para una intervención quirúrgica. Eso me da una fuerza complementaria para continuar la mañana cargando escombros y carretillas. 

A pesar de tener un sistema de salud autónomo regado por las comunidades, con promotoras y promotores de salud en permanente formación dentro de la autonomía, en esta zona, ante una enfermedad grave o cuando se requiere intervención quirúrgica deben trasladarse largas distancias hasta el hospital de la ciudad más cercana, Ocosingo. Desde hace 30 años las y los zapatistas se gobiernan, tienen su sistema de justicia, de defensa, han construido su educación autónoma, su salud autónoma, pero en esos momentos límite se ven obligados a golpear las puertas de instituciones estatales, esos espacios lejanos donde aún persisten tratos discriminatorios, intervenciones costosas, mala praxis y poca claridad en la información. Las personas de las comunidades indígenas hablan mayormente el español como segunda lengua y no les resulta cómodo para expresarse y comprender en la totalidad. Que exista este quirófano es fortalecer su autonomía. 

-Cuando se concluya este, el próximo será construido en el caracol de allá abajo, más adelante por este valle. Allí el calor pica aún más, así que la construcción costará otro sudor- comenta un compañero. Él vive en ese otro caracol, y ya va imaginando cómo será tener un quirófano cerca acorde a las necesidades. Así han ido avanzando en la organización, de acuerdo a las necesidades. En 2008 en el caracol de La Garrucha construyeron la Clínica para las mujeres “Comandanta Ramona” porque era allí donde mayormente, antes del 94, morían mujeres cuando iban al parto. Como eran cuerpos desnutridos, los niños también morían por desnutrición. Son varias ya las clínicas autónomas y aún se enfrentan con dificultades al momento de equiparlas y de mantener las formaciones específicas de los promotores de salud, pero brindan servicios de salud las 24 horas a quienes lo requieran, zapatistas o no zapatistas, de manera gratuita. Únicamente los usuarios deben pagar los medicamentos. 

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Este quirófano es en común. Desde sus raíces, los cimientos, hasta sus frutos será común. No solo para zapatistas, sino también para todos los hermanos y hermanas partidistas, indígenas que conviven en los territorios liberados por el zapatismo desde el 94 pero que por alguna u otra razón han abierto sus puertas al Estado. 

Ni privada, ni pública, comunal era la tierra de los ejidos, esa tercera forma de propiedad reconocida por la constitución desde la Revolución Mexicana. En la reforma de 1992 se modificó el artículo que impedía privatizar esas tierras, y desde entonces los diferentes gobiernos han buscado la forma de parcelar las tierras e incidir en la organización. Hay en Chiapas implementados varios programas sociales que buscan fragmentar la organización de las comunidades y debilitar la autonomía. Un ejemplo es el programa morenista Sembrando Vida, que requiere para inscribirse título de propiedad de al menos 2 hectáreas y media. Desde el zapatismo han podido ver, pensando siempre en varias generaciones hacia adelante, que la privatización de las tierras es una trampa. Los beneficios para el presente opacan el futuro. Su razonamiento es claro: allí donde los ejidatarios reciben 10 hectáreas a su nombre de propiedad, sus hijos, si fueran cinco, recibirían (las mujeres excluidas de esa división) 2 hectáreas cada uno. Y esa tierra representará para sus respectivos hijos una cantidad insignificante. Resguardar la tierra en común, una de las columnas del zapatismo, permite que la tierra sea de quien la trabaja sin título de propiedad. Y trabajar la milpa sin agroquímicos y con un sistema de rotación de cultivos permite su sostenibilidad en el tiempo. 

Las personas de las comunidades que no forman parte de la organización zapatista también comprenden la importancia de un quirófano por esas tierras. Sufren de igual manera las consecuencias del “mal gobierno”, como nombran a los gobiernos que buscan desmantelas las estructuras de la autonomía, del extractivismo, la precariedad en los sistemas de salud estatales y entonces se acercan a colaborar con el quirófano. Algunos aportan su tiempo, sumándose a las jornadas de trabajo, otros aportan con un poco de dinero, con un poco de grava, con lo que se puede. Ni la salud, ni la educación, ni el sistema de justicia son únicamente para zapatistas. 

-El caso más difícil que tuvimos que conciliar como Junta de Buen Gobierno fue de unos hermanos partidistas- nos cuenta un compañero al terminar de tomar el pozol, una bebida de maíz molido disuelto en agua, en el tiempo de descanso. Durante los días que está de turno en la construcción, es el encargado de que no falte el alimento, de que quienes trabajan estén cuidados, si se enferman llama al promotor de salud, entre otras cosas. -Un señor había fallecido en un accidente y tenía varias deudas. Los acreedores querían que los hijos de ese señor las paguen. Los hijos, un varón y una mujer, dicen no poder. ¿Cómo se hace ante una situación así para ser justos?-. Esa es mi pregunta, la misma que la de él en su momento. Su respuesta me da a entender que no hay manual ni protocolo. -Necesitábamos comprender la situación para ver qué era lo justo. Entonces comenzamos a escuchar. Horas y horas, preguntamos y escuchamos-. Les llevó cuatro largos encuentros.  Durante el tiempo que formó parte de la JBG eso no era lo habitual. Usualmente en dos encuentros lograban encontrar soluciones. Pero en ellos observó dificultades para ceder, para conciliar un punto medio entre ellos. -Los hábitos y la cultura de solidaridad y compañerismo llevan tiempo para ser incorporados. Pero como ellos se acercaron, luego aceptaron la propuesta que les hicimos en base a la situación que escuchamos. 

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Son varios los albañiles que se encargan de la obra. Sin títulos ni certificación de grandes casas de estudio, impulsados por la experiencia que les da la práctica, se aventaron la tarea. La palabra suelta que dicesaber es suave brisa, no deja marcas. La práctica acá es el humus donde crece el saber. Moldea cuerpos y amplía el campo de la potencia. Los albañiles devenidos arquitectos han tomado como ejemplo la edificación de hospitales conocidos, observaron qué espacios se necesita y para qué, y a partir de ello diseñaron los planos de este quirófano que ya tiene las paredes levantadas.   

-¿Cómo hacen para imaginar que es posible construir un quirófano autónomo en la selva y efectivamente llevarlo adelante?- 

-Nos organizamos- sentencia uno de los arquitectos. Parece repetitivo pero no, así lo hacen y así lo comparten. -Hay que organizar bien. Vamos por etapas, nos dividimos en comisiones. Planificamos una y vemos cuántas personas necesitamos. De todos los caracoles mandan albañiles, ayudantes, personas para la cocina y promotores de salud-. El sábado siguiente vendrán a trabajar más de ciento cincuenta personas. Una orquesta de trabajo zapatista. Ahora somos pocos trabajando porque todavía no arrancó la siguiente etapa, un par que estaban de turno y nosotros, los hermanos internacionalistas que pudimos acercarnos por una semana. Me gustaría quedarme para escuchar esos pasos acompasados, para ver cómo construyen los andamios de madera, cómo se pasan ladrillo tras ladrillo. Cómo trabajan más de ciento cincuenta personas en una construcción autónoma.

-Terminada esta etapa, evaluamos cómo seguir-. 

El nombre ya se distingue en el cartel en la entrada: Quirófano Luz del común “Compañeros caídos del mundo”. Fueron muchos los caídos durante el levantamiento y durante la guerra de desgaste posterior a la que los zapatistas tuvieron que enfrentarse, y honrarlos es hacerlos presente. Ahondar en las razones del levantamiento, en cómo era antes la vida para sus padres, abuelitos y abuelitas, es sumergirse en sentimientos de rabia y coraje, bronca y admiración. Pasaron de vivir humillados constantemente, en condiciones de miseria, de hambre, de desnutrición, de violencia y violaciones, a organizar un levantamiento por la vida y la dignidad. Nunca más un México sin nosotros, gritaron. Dieron la vida por ello. Observar los largos años de lucha hace que la impotencia se vuelva polvo, la desesperanza salga volando: es posible del barro más oscuro crear la luz que resplandece al mundo. Ese nombre que lleva el caracol es el modo de nombrar una acción. 

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