Peregrinaciones de una mujer con encendedor

Una lectura sobre la Ley del cupo femenino en los eventos musicales argentinos y su resonancia en el Cosquín Rock. Mujeres… no se cansan. 

Por Lara Yost

«Es preciso haber sufrido y sufrido mucho, pues solo el infortunio puede enseñarnos a conocer
en lo justo lo que valemos y lo que valen los demás.»
(Tristán, Flora; 2022:91)

En febrero del año 2019, una frase de esencia áspera y poco afortunada movilizó el ámbito de la música argentina, removiendo críticas de lo más sustanciosas entre público y artistas: “No hay suficientes mujeres con talento a la altura del Cosquín Rock”, argumentó José Palazzo -creador y organizador de dicho evento- en una entrevista que se viralizó, tras desterrar del escenario a las mujeres artistas, de quienes no había ni indicios en los line up

Pero esto fue tan solo la chispa que dio pie a un incendio inevitable, y es que la cantante Celsa Mel Gowland, exvicepresidenta del Instituto Nacional de la Música (INAMU), no hizo oídos sordos y convocó a otras artistas para analizar la situación de las músicas mujeres en el país: una investigación de la plataforma de música feminista latinoamericana, Ruidosa, da cuenta de que Argentina es el peor país de la región en representación de mujeres en los escenarios (2017). 


Marilina Bertoldi en la Sala de las Artes, Rosario (2023). Ph: Antonella Dreyer.

Tras una ardua lucha de largos años, logran, con 50 votos a favor y 1 en contra, la aprobación de la Ley de cupo femenino en eventos musicales. El objetivo es regular el cupo de mujeres en los eventos de música en vivo, lo que quiere decir que, a partir de los 10 artistas programados, un 30% deberán ser mujeres. De lo contrario, se aplicaría una multa de un valor equivalente de hasta el 6 % de la recaudación bruta del festival. Por su parte, el INAMU es la autoridad que deberá velar por el acatamiento de dicha ley.

La frase desafortunada de Palazzo fue solo la gota que rebalsó el vaso, dado que el proyecto integrado por estas mujeres refiere a un trabajo de investigación donde se analizan, durante un año, 46 festivales de Argentina. El resultado fue de 1.605 bandas de las cuales 160 tenían mujeres, es decir, menos del 10%.  

Pleno siglo XXI no es sinónimo de futuro ni de progreso, la lucha de las mujeres por abrirse espacio en lugares de “hombres” (por más anticuado que suene) sigue resonando, y sus ecos repercuten con más fuerza, aun cuando escuchamos frases del tipo “el rock es para hombres”, borrando de un plumazo a decenas de frontwoman e instrumentistas que componen las bandas del rock nacional. 

Lo ocurrido en el año 2019 sobre la lucha por la Ley de cupo, su posterior promulgación y eventual puesta en escena en el Cosquín Rock del 2020 fue una muestra del poder de la lucha constante e incansable, y de espacios ganados a partir de mujeres que pusieron su voz y cuerpo en una disputa que no se extinguió y que, de hecho, sigue vigente.

En el año 2019, una joven de rulos desobedientes, musculosa negra y pantalón violeta holgado subía con paso decidido al escenario de los premios Gardel de Oro a recibir su estatuilla dorada, ganada por el éxito del álbum Prender un fuego (2018). Ella, única, ubicada al centro del escenario, músicos al fondo en silencio, unos cuantos reflectores iluminando distintos lugares del espacio. El micrófono encendido, claro y potente. Esto es lo que escuchamos: 

Siento que hoy en día se está haciendo un intento por acercarse y eso lo agradezco mucho, desde federalizarlo. Yo soy de Santa Fe, hacerlo en Mendoza es un gran paso hermoso a realizar. El siguiente es entregarle esto a una mujer (…). Sobre todo lo festejo como un artista nuevo, como un artista que viene a cambiar las cosas, a decir algo distinto, de otra forma, y eso me parece lo más importante de todo. Compitiendo con artistas de mucha carrera ya, empezar a hacer estos pasos me parece genial. Entréguennos estos premios, dennos estos espacios que vamos a cambiar la música. (Clarín, 2019) 

A tener en cuenta: la única otra mujer que había ganado el premio antes que Marilina fue Mercedes Sosa en el año 1999. Esto convierte a Marilina en una pionera dentro de las premiaciones del rock nacional, habiendo competido, como ella misma lo dice, contra artistas de larga trayectoria y reconocimiento global como lo son Babasónicos, Escalandrum y Andrés Calamaro.

Marilina Bertoldi en la Sala de las Artes, Rosario (2023). Ph: Antonella Dreyer.

Prender un fuego se titula su álbum de oro. Prender un fuego es encender una chispa, que crece, que da calor y que se devora todo lo que se ponga en frente. En el discurso de Marilina, en su música, en su arte, vemos la materialización de ideas consistentes: nosotras también estamos acá, también creamos, también importamos. Esas ideas-chispa que crispan y dan inicio a un incendio con el fin, no de destruir, sino de volver a hacer, a construir. ¿De qué ideas hablamos? Basta con escucharla a ella misma. En su tema “O no?” que da apertura al álbum, una estrofa primera sintetiza su postura.

“No es peligroso, eso es diferente
Una multitud que no se banca tanta gente
No tiene nada, está super preparada
Mucho maquillaje que no les tapa ya nada” 

¿Seguimos un poco más?

“No quiero armar mi cabeza
Caminar sin muletas
Ni un freno en la lengua
Comerme una estrella
Vomitar en las tapas
Comer pizza en la cama
Romper una botella y cagarme en tu idea”

A la artista no le cabe una. Hay que cambiar la bocha. El arte es ese lenguaje que nos permite decir más de lo que creemos poder decir. Le da fuerza a nuestras ideas, nos da fuerza para decirlo. 

“Canto todo lo que creo cantando
Que es nada más que
Convencernos de lo que pensamos”.
(Estrofa perteneciente a la canción “Correte” del mismo álbum). 

En síntesis, el 2019 fue un año, por lo menos, turbulento. Si bien artistas como Celsa Mel Gowalnd y otras compañeras ya militaban por la Ley de cupo N° 27.539, los dichos de Palazzo, que hicieron emerger fuertes críticas en general, hicieron que el proceso se acelerara. Tal es así que ese mismo año, en la segunda edición del festival GRL PWR, llevado a cabo entre el 16 y 18 de abril, el eslogan fue “no faltan bandas de chicas, faltan festivales así”. En este contexto, Marilina replica “Grl Pwr es un evento producido, gestionado, curado y coordinado por mujeres y sus respectivos equipos de trabajo”, enfrentándose al supuesto “las mujeres no tienen talento para el rock”. 

Al año siguiente, en el 2020, la Ley de cupo ya fue un hecho y, en el aniversario número 20 del Cosquín Rock las mujeres empiezan a tener espacios en el line up. Artistas como Rosario Ortega, Hilda Lizarazu, Analía Boccomino son tres de las mujeres que forman parte de esas 43 músicas del Cosquín, de los 133 artistas que integrarían el evento. Ante esto, Rosario Ortega se suma al debate por el espacio de la mujer en la música nacional y comenta, en consonancia con el discurso de Marilina en los Gardel de Oro: 

Estaría bueno que los productores se den cuenta que no es que falten frontwomen, por decirlo de alguna manera, sino que el proceso es al revés, hay que poner a tocar a las mujeres en horarios centrales para que la gente también las descubra, si no es muy difícil que se dé de otra manera. O que la radio también se anime a pasar más mujeres. De esa manera creo que el punto de partida va a ser igualitario. Porque lo que se quiere en todos los ámbitos del feminismo no es ser más, ser superior o sonar más que los hombres, sino que haya una igualdad. Lo que falta es que eso nazca naturalmente de los productores, y de los músicos que contratan a otros músicos también. Talento femenino hay, y mucho (Infobae, 2020)

Marilina, junto con tantas otras artistas, supuso un nuevo comienzo en la escena del rock nacional. Pero la ley no solo ubicó el reflector sobre aquellas, sino que avivó el surgimiento de nuevas voces, reinventando el rock como lo conocíamos hasta hace unos años. 

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