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Afinidades «ideológicas» entre música urbana y creadores de contenido

Desde el Halabalusa hasta el stream de Coscu, pasando por Duki, Homer el Mero Mero y Gabino Silva, Fernando Simonetti recorre el surgimiento de una generación que encontró en internet su escenario y, en el “yo empresario”, su forma de subsistencia. Una crónica del tecnoceno narrada en verso callejero y teoría social.


Por: Fernando Simonetti


El sur es hardcore

Dtoke Tortu Vs Dase Antwan 8vos Halabalusa – (Competencia de Freestyle Halabalusa Youtube)

Si en el oeste está el agite, el sur es hardcore. Así se titula uno de los eventos más importantes de la escena de hip-hop chilena, que también es un himno colaborativo y que alguna vez llevó Dtoke como remera. Año 2010, barrio de Claypole, zona sur del conurbano bonaerense. Dtoke, con su grupo de amigos -la PMC (Primera Mancha Crew)- fundaron en la plaza, junto a la estación del ferrocarril Roca, lo que tiempo después sería conocido como el Halabalusa, movimiento underground. Mucho tiempo después, la plaza misma sería rebautizada con ese nombre por la Municipalidad de Almirante Brown, pero esa es otra historia. 

La música urbana argentina no nació con Duki ni con Bizarrap. Primero estuvo el rap y su genealogía es bastarda y expansiva: va de los Adolfos y el Sindicato Argentino de Hip Hop, pasando por los Kuriaki, Jazzy Mel, Emanero y Fuerte Apache, por citar algunos nombres. Se expande y estalla en internet a comienzos del 2010, cuando las plataformas digitales comienzan a viralizar las competencias de freestyle.

Quinto escalón

Wos Vs Duki – Semifinal Fecha 2 (Torneo 2017) – (El Quinto Escalón Video Youtube)

Dos mil doce, barrio de Caballito, parque Rivadavia. Alejo Acosta, quien unos años después se transformaría en YSY A, junto a Matías Berner A.K.A. Muphasa, fundaron el quinto escalón, continuando la estela que el Halabalusa había desparramado por los cielos del sur. La semilla había sido sembrada, aquella que habían plantado los muchachos de Claypole, estaba por nacer. El evento que comenzó como un puñado de pibes juntándose a tirar freestyle, terminó siendo una de las competencias de habla hispana más importantes de todos los tiempos. Duki, Wos, Paulo Londra, Litkilah, Trueno, Acru, Klan, Sony, Replic, MKS, son algunos de los nombres que brillaron en el parque Rivadavia. Muchos de los cuales, a partir de allí, lanzaron su carrera musical.

Algunos años después, los Bestia Bebé lo dirían de esta forma: el rock and roll pasó de moda. Es que para la época del quinto escalón (2012-2017), esto se empezaba a evidenciar. El post cromañón había sentenciado la suerte del rock barrial que hasta ese entonces se erigía como una de las expresiones culturales más representativas de la juventud. Al mismo tiempo, el fin del menemismo dio comienzo al movimiento de cumbia villera que explotaría en el gobierno de la Alianza, insertándose de manera transversal en la sociedad. 

Hablar de música urbana local sin hablar del quinto escalón sería aventurado. Asimismo, hablar de música urbana puede ser un tanto vago. Por música urbana suele entenderse un montón de estilos que poco tienen que ver entre sí. 

Dentro de esa gran bolsa caben expresiones muy diversas que van desde el rap más oscuro hasta el pop más comercial, pasando por un sinfín de géneros, entre los que podríamos mencionar: trap, reggaetón, drill, RKT, cumbia 420, por citar tan solo algunos de estos estilos que son capítulos distintos de una misma historia: la de cómo los márgenes urbanos se narran a sí mismos.

No vendo Trap

No Vendo Trap (Video no oficial Youtube)

Mauro Ezequiel Lombardo, más conocido como DUKI, en el año 2016 subía a YouTube “No vendo trap”, su primer sencillo. Siete años después, y luego de muchas canciones, llenaría cuatro Vélez, dos River y un Bernabeu, transformándose en el referente número uno de la música urbana de nuestro país. Citar tan solo dos versos del tema, que tiene una letra extensa, en la que mezcla castellano con inglés y referencias varias a distintos universos, puede no hacerle justicia a la canción, pero tampoco se trata de eso.

“Primero del roster soy el mvp /Este es mi deporte se tienen que ir / Pa’ vivir de esto por eso nací /Yo vida de perro y ustedes de bitch; Hablan por hablar sin saber qué decir /Están lejos de mi puesto y muy cerca del click /Denme otro like que yo quiero subir /Sonar en iTunes y en YouTube-hot this week”

La letra condensa ambición, jerga digital, referencias deportivas y una lógica competitiva extrema. Como señala Wendy Brown en El pueblo sin atributos: “la conversión de cada necesidad o deseo humano en una empresa rentable”. Cada artista es una pyme: algunos globales, otros de consumo local, pero todos funcionando con lógica empresarial. Dice Brown: “el homo oeconomicus como capital humano se ocupa de mejorar su valor de portafolio en todos los dominios de su vida, una actividad que se emprende a través de prácticas de autoinversión y atracción de inversionistas”.

Volvamos a “No vendo trap”. Cito los últimos dos versos: “No te pienso compartir si tengo poco /Ya los vi por ahí haciendo el tonto /Quieren subir pero copiando a otro…”. En el freestyle, ser real era fundamental. Una lucha por la autenticidad, por mostrar lo vivido, como diría Violadores del Verso: “vivir para contarlo”. Duki, en este primer tema, ya encarna esa tensión: drogas, códigos, competencia y una rivalidad abstracta pero permanente.

Mark Fisher, en Realismo capitalista, retoma a Simon Reynolds: “Lo real” tiene dos significados. En primer lugar, hace referencia a la música auténtica que no se deja limitar por los intereses creados y se niega a cambiar o suavizar su mensaje para venderse a la industria musical. Pero “real” también es aquella música que refleja una “realidad” constituida por la inestabilidad económica del capitalismo tardío, el racismo institucionalizado, la creciente vigilancia y el acoso sobre la juventud de parte de la policía. “Lo real” es la muerte de lo social: es lo que ocurre con las corporaciones reduciendo su personal, sacándose de encima una parte importante de la fuerza de trabajo para crear un inestable ejército de empleados freelance y de medio tiempo, sin los beneficios de la seguridad social.

Sig Sauer, los alcances de lo real y su representación.

Homer El Mero Mero Ft. Pekeño 77 – Sig Sauer (Prod. Negro Dub – Video Oficial Youtube)

Homer el Mero Mero, desde Cutral-Co, mantiene una estética de rap crudo, con elementos de tango, folclore y rock. La lírica del mero mero suele tratar las problemáticas de barrios marginales, como la delincuencia, el robo, las armas, las drogas, las peleas entre pandillas, el odio a la policía y los códigos del barrio. En más de una ocasión, las líricas y temáticas abordadas, así como las estéticas elegidas para narrar los videos, rinden un homenaje al cine gangsteril. Como lo entendían Fisher-Reynolds:

“La afinidad entre el hip hop y los films de gangsters como Scarface, El Padrino, Perros de la calle, Buenos muchachos y Pulp Fiction reside en su pretensión común de borrar cualquier ilusión sentimental y ver el mundo tal “como es”, al estilo de una guerra hobbesiana de todos contra todos, un sálvese quien pueda, un sistema de explotación perpetua y criminalidad generalizada.” En el hip hop, escribe Reynolds, “ser real significa confrontar con un estado de naturaleza en el que el hombre es el lobo del hombre, en el que solo se puede ganar o perder y en el que la mayoría va a perder”. 

 En Sig Sauer, junto a Facundo Cedres, A.K.A., Peke 77, narra una historia de venganza tras un juicio. El video inicia con una Biblia, un juramento, y un testigo que incrimina a los raperos por un robo. Luego muestra la cárcel, la salida seis años después y una amenaza explícita. Este video fue subido el 22 de julio de 2020, poco más de tres años antes de que detuvieran a Facundo Cedrés por el robo de un country. El pibe está preso de verdad.

Esta misma tensión entre violencia, fama y barrio que atraviesa las líricas de Homer el mero mero resuena en Atlanta (Donald Glover), donde el rap funciona como un espejo del realismo crudo y los códigos de la calle.

La Coscu army

Duki X Mks X Wos X Ecko Freestyle Duro En El Stream Número 1 (Video Youtube)

Mientras el Quinto Escalón explotaba, Martín Pérez Disalvo, alias Coscu, fundaba su canal de stream. Primero dedicado al LOL (League of Legends, un popular videojuego de estrategia y combate en línea desarrollado por Riot Games.). Luego giró hacia un contenido cultural más amplio: con Duki, Wos y otros artistas como invitados. Incluso fue jurado de una fecha del Quinto Escalón. ¿Qué tenían en común estos jóvenes por entonces?, o bien podríamos preguntarnos, ¿Qué unía al mundo de la música urbana con el del stream?

Una de las respuestas posibles es que, tanto los artistas de música urbana, como los streamers, eran de la misma generación y hablaban un mismo idioma: el de internet. Todos, en mayor o menor medida, eran un fenómeno de las redes sociales. Por supuesto, que los raperos y traperos mencionados, previamente a hacerse conocidos, incluso, antes de hacerse virales, fueron jóvenes que rapeaban en una plaza. Donde el contacto con el otro, el cara a cara, las respiraciones, las bases hechas por un beatbox, y cada frase que se encadenaba salía del trepidar de sus cuerpos al calor de una batalla o en el delirio de la improvisación de un saifer. Quizás la diferencia más marcada entre ambos mundos sea que, mientras los raperos fueron de la calle a las pantallas, los streamers hicieron el proceso inverso. Pero en un punto intermedio, imaginario e imposible de asir, se encontraron y engrosaron un movimiento. Los streamers se dedicaban a reaccionar a través de sus canales a las batallas o canciones, haciendo que la música o las batallas llegaran a más y más gente. Por su parte, los artistas se hacían presente en los streams, ampliando el mundo de estos. Es por esta razón que los cruces entre ambos universos, lejos de ser algo aislado, pasaron a ser una constante. Además de poder ver streams de Coscu en los que estaban presentes los artistas más relevantes de la música urbana, también se podían ver en diversos streams la participación de estos. 

Hay raperos tirando freestyle y hay streamers. Hay stream e interacción con una comunidad digital. Todo está registrado, todo fue transmitido en vivo, la fusión entre el mundo real y el virtual generando un híbrido difícil de clasificar que da cuenta de toda una época.

Tumbando el club

Khea – Loca Remix Ft. Bad Bunny, Duki, Cazzu (Prod. By Omar Varela & Mykka – Video Oficial Youtube)

El mundo de las batallas de rap en habla hispana siguió creciendo a lo largo y ancho del continente y al otro lado del Atlántico. Una generación dorada de raperos consagrados como batalladores irrumpieron en la escena musical, siendo en algunos casos fenómenos de escala planetaria. 

(En 2018, con el remix de Loca: Khea, Ft., Bad Bunny, Duki, Cazzu; tema clave que impulsó la escena del trap argentino a nivel internacional). 

Con el tiempo, el camino se invirtió. Pibes que conocieron el freestyle por internet bajan a las plazas con una GoPro en la frente. La calle se vuelve performance. Aparecen youtubers que salen con cámara a buscar «lo real»: Gabino Silva es uno. Aparece junto a traperos como Olimac Rizas, o El Doctor, figuras crudas, de impronta under; apolíticas en lo declarativo pero ideológicas en el gesto.

El Doctor en Tranqui: “Me la chupa Néstor, también Cristina, y el hijo de puta de Macri (Bitch) / Haya el gobierno que haya, no va a ser legal el homicidio a los rati’ (Bitch)…”. Gabino, tildado de libertario en más de una ocasión, se desmarcó cada vez que pudo. Ambos encarnan un malestar sin banderas.

Diverse Lingue Horribili Favelle

Domingo, Plaza Italia. Por parlantes suena: “vamos a hablar del auto liderazgo”. Coaching de subte. Luc Boltanski lo llama “sistemas de confirmación”: discursos que sellan el presente para que no entre la crítica. William Davies, en Neoliberalismo 3.0, menciona las afirmaciones tipo “Mis únicas limitaciones son las que me pongo a mí mismo”.

La ofensiva neoliberal se volvió sentido común. Thatcher declaró la inexistencia de la sociedad y el mundo obedeció. La meritocracia se apoya en casos excepcionales: como Duki o Coscu. Pero detrás hay millones que no llegan. Como diría Mark Fisher citando a Jameson: es más fácil imaginar el fin del mundo que el del capitalismo.

Internet democratizó, al menos en apariencia, el acceso a la información dando rienda suelta al discurso meritócrata, pretendiendo evidenciar que quien no lo logra es porque no se esfuerza lo suficiente, sin tener en cuenta las condiciones materiales previas. Parte de lo perverso del asunto es que es cierto que internet democratizó las posibildiades, permitiendo a muchos jóvenes hacer su camino como músicos o creadores de contenido; pero también es cierto que los casos de éxito, no dejan de ser eso: casos de éxito. Señales positivas. De esa forma, el sistema -además de utilizarlos como ejemplos de que triunfar por el propio esfuerzo en un mundo terriblemente desigual no sólo es posible, sino que está a unos clicks de distancia- los deglute para vomitarlos mercancía. Dándole razón una vez más a Fisher en su cita de Jameson. Asistimos, en este tecno capitalismo desenfrenado a la convicción de que no hay afuera del sistema. Y como existen las señales positivas, existen las negativas; aquellas marcas de peligro que nos muestran cada vez que salimos a la calle, que si no hacemos los deberes podemos terminar viviendo en la puerta de un edificio, hurgando en la basura para sobrevivir. Porque, como diría Joaquín Gianuzzi en su poema: basuras al amanecer, “hasta consuela pensar que ni el mismo excremento puede ser obligado a abandonar el planeta”.

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