Sergio Antonio Barbieri manejaba por la ruta 40 de Perito Moreno a El Calafate en su camioneta. Había cruzado desde Chile, su tierra, para tomarse unas breves vacaciones. El sol suave del atardecer pintaba de dorado la monotonía hipnótica de la inmensidad esteparia. Aún así, prohibición mediante, Sergio detuvo el vehículo y lo vió atado al poste de un alambrado. ¿De quiénes son los territorios? ¿Qué clase de jerarquía se arroga el hombre de control y dominio? ¿Qué lugar hay para narraciones interespecie, si eso es posible? ¿Somos capaces de pensarnos en relación con (y no por encima de) todo lo que está contenido en la panza – mundo?
Por Nicolás Grandi, Florencia Sambito y Flavia Schipper
– No sé qué le habrá pasado pero es precioso poder tocarlo. Es gigante.
(Claro que sabía. Claro que era consciente de lo que estaba pasando. Otra vez el hombre y su decisión de matar a nuestra tierra).
Sentir esa piel suave en su mano…¿habrá provocado alguna clase de encuentro entre lo humano y lo animal? Conectar las pieles, aún cuando “la otra piel” ya no late, cuando su aura está apagada.
En la isla de Bowen, al oeste de Canadá, apareció hace poco un puma cachorro. Están todos los habitantes como locos, con miedo. El tema es que la isla está llena de ciervos entonces el puma tiene mucho alimento, y no resulta una amenaza real para los habitantes. Dicen que la madre del puma lo echó de su lugar porque ya estaba mayor y tenía que independizarse. Llegó nadando al parecer.
Isla de Bowen, Canadá. Un cartel advierte medidas de prevención para preservar la seguridad de las personas y de los pumas.
Siempre quise ver un puma. El deseo del encuentro fortuito, de ir caminando por la selva, la montaña o la estepa y en un giro inesperado converger con esa cara felina. Hasta ahora no tuve encuentros con los signos de su existencia, sino con las señales de alerta del humano:
PRECAUCIÓN
PRESENCIA de PUMAS
Mantenga la calma, NO corra, No lo acorrale.
Déjele una vía de escape.
Los pumas suelen evitar la confrontación
Permanezca firme y de frente al animal, buscando contacto visual con él.
Alce a los niños para que no corran
Nunca dé la espalda al puma y camine despacio hacia atrás mirándolo a los ojos.
Intente parecer de mayor tamaño, levantando los brazos, manteniéndose erguido y en posición vertical.
No se siente ni se agache.
No se trepe a un árbol o a una roca.
No se aproxime al animal, especialmente si se está alimentando o con crías.
Si está en un vehículo, no se baje a seguirlo.
Todas las veces que he leído estos carteles me recorre un cosquilleo por toda mi espina, desde la base a la cabeza. Y aún así, lo único que anhelo es poder habitar un encuentro desplegado por la propia indeterminación. No saldría a buscar al puma, a irrumpir en su guarida, como sé que él tampoco se lanzaría al encuentro conmigo. No. El encuentro sería posible, pero no planeable. Es como dice Anna Tsing, la naturaleza no planificada del tiempo, que resulta aterradora, pero que a la vez habilita a construir la vida junto a la presencia de los otros. Me repito incansablemente que un aquí y ahora con el puma me transformaría. Resuena la frase de David Abram: “cada rasguño era un encuentro”.
Desplazar al originario
“…aprender a prestar atención al silencio que el canto de un mirlo puede hacer existir, es vivir en territorios cantados, pero es asimismo no olvidar que el silencio podría imponerse”.
Vinciane Despret, Habitar como un pájaro.

Parece ser que en la provincia de Santa Cruz, bien al sur de la Argentina, los pastizales tienen dueños. El coirón blanco, el coirón amargo, la cebadilla e incluso la caña de colihue pertenecen a las ovejas y las vacas. Al menos, así piensan en la estepa patagónica los grandes estancieros.
Cuando en 2024 habilitó la temporada de caza, el Consejo Agrario de Santa Cruz, dispuso que se podían matar zorros, guanacos y pumas, blanqueando de alguna manera la práctica que se venía haciendo. Trampas, venenos y escopetazos clandestinos habían y siguen siendo los métodos de liquidación. Al parecer, hubo un sacudón en la conciencia del Consejo y un año después prohibió la caza de zorros y pumas. El guanaco es quien en verdad estaría apropiándose del oro verde.
“En nuestro sistema de adquisición de alimentos, por ejemplo, los capitalistas explotan las ecologías no solo reconfigurándolas, sino también sacando partido de sus capacidades. Incluso en las explotaciones agropecuarias industriales, los agricultores dependen de procesos vitales que escapan a su control, como la fotosíntesis y la digestión animal”, dirá Anna Tsing, refiriéndose a una industria pensada para la acumulación, no para la biodiversidad.
El mamífero que más territorio autóctono tiene para habitar en el segundo continente más grande de la tierra, hoy se ve amenazado por la acción del hombre. Mientras los pumas en Canadá van tras su independencia y uno de ellos hace que la población encuentre maneras de convivir con él, a 12000 kilómetros al sur, en la Provincia de Santa Cruz, Argentina, se habilitó desde el 1 de abril la caza de un ejemplar por persona de esta especie, así como de guanacos y zorros.
Reflexionemos acerca del vínculo con nuestra especie. La acción humana, constante y creciente, nos convirtió en un agente geológico del cambio climático, así como también resignificó nuestra relación con ellas.
Donna Haraway revisa el pensamiento que guía los relatos de la humanidad a través de Sartre: “El gran filósofo existencialista Sartre, defendía que el segundo nacer es el que nos hace humanos. Que el primer nacimiento es simplemente nacer: nacer de las mujeres, nacer en el mundo, nacer en la tierra. En el segundo nacimiento se alcanza el yo, se llega a ser de manera trágica. Esa conciencia trágica que es la conciencia humana es el segundo nacimiento. Se suele alcanzar mediante alguna forma de asesinato. Es el sinsentido más extraordinario que ha existido nunca. Y es el sinsentido que ha dominado nuestros relatos.”
Nuestra forma de contar ese vínculo con las especies estuvo marcado por el sinsentido de ponernos en una escala jerárquica superior a cualquier otra especie. La conquista de un territorio, y la afirmación de que una especie puede ser vista como una amenaza o bien puede ser exterminada a gusto del consumidor, es algo que atraviesa una gran parte de nuestros discursos sociales (tanto en los medios, como en el ámbito cotidiano) para establecerse como parte del sentido común. Haraway insiste “Debemos cambiar las historias de las eras, las historias de la tierra. Debemos cambiar las historias asesinas.”
¿De quiénes son los territorios? ¿Qué clase de jerarquía se arroga el hombre de control y dominio? ¿Qué lugar hay para narraciones interespecie, si eso es posible? ¿Somos capaces de pensarnos en relación con (y no por encima de) todo lo que está contenido en la panza – mundo? Como la estrategia que Le Guin plantea sobre narrar lo que está siendo. Como la manera de contar de Donna, rizomática, plagada de líneas de fuga como en una figura de cuerdas: los hechos, lo que nos preocupa, lo que estamos llamados a cuidar, se construye en los discursos que construimos colectivamente.
«¿Cómo evitar un conflicto con la vida silvestre?», reza el panfleto de la Municipalidad de Bowen, plastificado y pinchado en el árbol. ¿Qué hacer si te encuentras con un puma? ¿Encontrarse? ¿Realmente un pensar entre? ¿Un devenir con el puma? “Importa qué mundos mundializan mundos. Importa qué historias cuentan historias”, dice Donna. “Pensar debemos”. El acontecimiento es pensado estúpidamente cuando todo lo que podemos hacer es evitarlo, preverlo, anticiparnos. Desprovistos de la “respons-habilidad” en el desastre del Antropoceno. No poder hacer compost con el puma desterrado.
“En nuestro sistema de adquisición de alimentos, por ejemplo, los capitalistas explotan las ecologías no solo reconfigurándolas, sino también sacando partido de sus capacidades. Incluso en las explotaciones agropecuarias industriales, los agricultores dependen de procesos vitales que escapan a su control, como la fotosíntesis y la digestión animal”,
Los pumas del sur corren peor suerte, cuando el Consejo Agrario de Santa Cruz firma la autorización que permitirá cazar hasta un ejemplar de cada especie por persona a la semana durante un periodo de seis meses, lo hace con la negligencia de quien “no puede hacer presente para sí aquello que está haciendo, que no puede vivir en consecuencia ni con las consecuencias”, dirá Haraway. Negligencia vulgar, común y corriente, “un asombroso abandono del pensar”.
Narrar las historias de los pumas del sur es vital en los términos de Hawaray, escribir historias concretas, una labor de experimentación, lograr que las historias débiles sean las fuertes y viceversa. Lo que importa es “qué historias cuentan historias como una práctica de cuidado y pensamiento”. Recolectar, llevar y contar cosas de la vida en esta bolsa espaciosa que es, en términos de Úrsula Le Guin, la narrativa. Hacer simpoiesis para alcanzar un “florecimiento multiespecies sobre la tierra”. En el sur nos urge salirnos de la conciencia humana, es decir de la historia del asesinato. El cadáver del puma en el sur nos está diciendo: pensar-debemos.
Este 23 de mayo falleció el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, y además de imágenes nos dejó su anécdota con una tortuga de Galápagos. En ese encuentro fortuito pudo ver la impotencia de un ser de más de 300 kilos y un metro de altura, de andar pausado pero continuo.
En una entrevista para TV Brasil contó que la admiración del fotógrafo y su lente no fueron recíprocas al principio: “Ella no paraba, andando despacito, pero ella no me miraba, se iba de allí, yo pasaba en frente, ella pasaba a un lado. Y ya no sabía qué hacer”
En esa búsqueda insoportable por hacer un contacto visual, Salgado se arrodilló frente a la tortuga. Fue en ese momento que el animal fue en dirección a él. Notó que hacían contacto visual, se puso sobre sus codos y comenzó a andar en dirección a ella. La tortuga siguió andando en dirección a él, como respondiendo al gesto de interpelación. Ahora que ambos se encontraban, esa tortuga, testigo vivo de los últimos 250 años de ese ecosistema, era una “portadora de secretos”, como diría David Abram.
Estando cara a cara con “la señora”, como la llamaba, Salgado tomó una decisión: reculó para demostrar que sentía respeto por su territorio. “Me contaron una mentira toda mi vida diciendo que yo era parte de la única especie racional del planeta. Mentira profunda. Existe una racionalidad profunda dentro de cada especie. Entonces tuve que aprender a comprender esa racionalidad.”
Salgado habla de este encuentro como algo transformador: lo que ha tocado ya no vuelve a ser como antes. Un trance que es también un devenir tortuga.
Volviendo al puma, ¿El cazador habrá sabido mirar a los ojos de su presa? ¿Comprender algo en ese encuentro? ¿Habrá visto la dignidad en su mirada? O simplemente habrá observado con el sigilo suficiente como para reducir, para someter, para matar. Puro desencuentro. Desde el momento en que se habilita su caza, se le quita toda entidad a esta ecología más amplia de que todos somos parte. ¿Cómo es que el mundo animal puede incluir nuestros sentidos? ¿Cómo ser un viajero entre el mundo humano y el mundo más que humano?
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