La historia de una singularidad, una PyME, un sueño, una troupe revolucionaria, una leyenda. “100 veces redondos” de José Bellas y Fernando García (2014) y “La última noche de Patricio Rey” de Martín Correa, Humphrey Inzillo y Pablo Marchetti (2021) bucean en el fenómeno de la consagración de la banda de rock más emblemática de Argentina. A dos meses del fallecimiento del Indio, un recorrido por dos de los libros que son parte de una mitología.
Por Flavia Schipper
¿Por qué a principios de la década del 2000, había periodistas empecinados en buscar las palabras del Indio, Skay y La Negra Poli? Por esos años Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota era una banda consagrada, que ya acumulaba algunos hitos, como la detención sin causa y el asesinato de Walter Bulacio en 1991 a manos de la policía, o haber metido 140 mil personas en una misma fecha en el estadio River Plate en el 2000, recital que comenzó con incidentes fuera del estadio, cuando un grupo de hombres que apuñalaron con armas blancas caseras a otros espectadores. Las escenas desde arriba del escenario como desde abajo mostraron que Los Redondos era propiamente la definición de lo masivo. Estas imágenes fueron parte de los mitos sobre las llamadas “misas ricoteras” y las características del público ricotero.
Es posible vislumbrar un primer motivo del afán periodístico por captar las voces de los protagonistas. El hermetismo de la banda con el pogo más grande del mundo hacía que las revistas de rock y los suplementos de cultura de la época quisieran entender qué pasaba por sus cabezas y confirmar los rumores de separación.
Los últimos meses del 2001 en Argentina guardan postales desoladoras: la proliferación de movimientos sociales y las continuas marchas, la pobreza extrema y la desnutrición en estratos que ya eran vulnerables, los saqueos a comercios, el desempleo, la recesión. El trasfondo era un sistema económico que entraba en eclosión, la crisis de las instituciones, el descreimiento de la sociedad en la clase política cristalizado en la frase “Que se vayan todos”. Así se atravesaba también la separación que se veía como un impasse de la banda que sostenía el espíritu de las masas obreras.

Carlos Alberto “el Indio” Solari, Eduardo “Skay” Beilinson y Carmen “La Negra Poli” Castro eran las tres cabezas de ese monstruo encarnado en Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Las entrevistas que dan los tres por esos años toman forma de conversaciones distendidas y se reeditan años después para dar lugar a dos libros: 100 veces Redondos, historias secretas del pogo más grande del mundo, de José Bellas y Fernando García (2014) y La última noche de Patricio Rey. Entrevista con el Indio, Skay y Poli, de Martín Correa, Humphrey Inzillo y Pablo Marchetti (2021). Dos recorridos corales que en perspectiva y desde distintas miradas nos transmiten alguna verdad sobre Los Redondos, su esencia y su devenir.
El Indio y Skay dejaron de dar entrevistas tan pronto como la banda creció, ya en los noventas. Por eso, conseguir el registro de voz de quienes encarnaban la letra y las melodías de Los Redondos fue un verdadero reto para el periodismo a principios de la década del 2000.
100 Veces Redondos: mirar al fenómeno desde todos los ángulos
José Bellas y Fernando García iniciaron sus trayectorias periodísticas en los años noventa y se dedicaron a hablar de música desde entonces. Fernando García comenzó en los 90 y se construyó su recorrido en revistas de música como la Rolling Stone, y suplementos culturales -José Bellas escribió para el suplemento Sí! del diario Clarín y García para diarios como El País, Informe Escaleno y Anfibia. Editado por Ediciones B Argentina,100 veces Redondos… es el segundo compilado que publicaron juntos, luego de 100 veces Pappo.
Quizás el hallazgo más grande de esta obra es la recopilación de diferentes ángulos de observación, incluyendo una colección de anécdotas de voces allegadas a la banda. Uno de estos puntos que aparece al comienzo del libro es una crónica de Marcelo Figueras, periodista, guionista y escritor que recorre el fenómeno de Los Redondos con rigor periodístico, pero también como un ricotero de ley. Figueras le pide prestado un concepto a la Física para explicar un fenómeno, el de singularidad: “En términos estrictos, es un lugar donde las cantidades que se usan para medir el campo gravitacional escapan de todo cálculo, volviéndose infinitas. Puesto de otro modo, se le dice singularidad a un fenómeno que se produce a pesar de que su contexto impide preverlo”. La crónica hace un racconto de los principales eventos de la banda, su formación y los rumores sobre cuál fue el verdadero motivo por el que Skay Beilinson y el Indio dejaron de hablarse.

En el 2000 José Bellas y el periodista Ernesto Martelli entrevistan al Indio para el suplemento Sí! de Clarín. Una charla en la intimidad les permitió conocer de cerca a la voz detrás de las letras y explorar facetas poco conocidas. En aquel momento, con los medios de la época, la entrevista generó sus reverberancias. “No se comentó en red social alguna ni generó selfies a modo de souvenir presencial” dijeron orgullosos los autores en Noviembre de 2014 a modo de introducción.

“La obra soy yo” dijo Carlos Alberto Solari, un textual que perfilaba para titular la entrevista. Lo que podría recordarnos la mítica frase del rey Luis XIV, “El Estado soy yo”, fue motivo de especulación por parte de los propios entrevistadores que lo interpretaron como un posible detonante de la disolución de la banda. Sin embargo, el textual pasó desapercibido y la disolución se concretó.
Patricio Rey y los Redonditos de Ricota no fue un conjunto musical perpetrado por un equipo de marketing. Más bien fue un brebaje que se cocinó a fuego muy lento desde fines de los años 60, cuando Poli y Rocambole -artista plástico que imprimiría una estética inconfundible en el arte visual de Los Redondos- se encontraban en los eventos culturales de La Cofradía.
El anecdotario, fragmentos breves que ensamblan momentos como piezas de un rompecabezas, aparecen en la segunda mitad del libro y van uniendo la cronología de la gesta de una banda mientras recorren la historia de Argentina. Una ilustración que deja en claro que el ensayo y error es parte de la obra, que se juega con las cartas que se tienen y que el temperamento se construye colectivamente.
Nombres como Tom Lupo, Omar Chabán o Marta Minujín y espacios como el Teatro Margarita Xirgu, Palladium o Café Einstein desfilan en un compilado de anécdotas entre 1949 y 2012. A cierta altura de la lectura de este libro, quien lee puede sentir la obra como un manual de instrucciones para entender a la banda y también el contexto cultural, ya que incluye una cronología de hechos y una lista de lugares.

La última noche de Patricio Rey: Al principio todo era de a tres
Martín Correa, Humphrey Inzillo y Pablo Marchetti, quienes escribían en La García – una revista de rock lanzada en 1999, dirigida por Marchetti y atravesada por la estética ricotera-, lograron en octubre del 2001 una entrevista con el Indio, Skay y Poli, las tres cabezas de ese monstruo incorpóreo que se llamó Patricio Rey.
Luego del rememorado y conflictivo recital en River, con empanadas y birra de por medio en el bar Onduras, transcurre la entrevista con relatos que van desde los proyectos de ese momento, el proceso creativo, la posibilidad de autogestionarse para producir, que se expande a geopolítica y fútbol con la fluidez de una charla entre amigos. Poco tiempo después la banda se separa y esa es, sin quererlo, la última entrevista que darían como conjunto musical.

Los autores, que reeditaron el libro en 2014, reconocen igualmente que la bibliografía sobre la banda incluye otros títulos, como Fuimos Reyes de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono, o 100 veces redondos, incluso con referencias directas a esas obras, como si fuera una recomendación bibliográfica.
El Indio calificó a esta entrevista como “un boludeo constante” y quizás la paradoja es la importancia que toman estos últimos testimonios sobre un conjunto que hasta ese momento, aunque ya se vislumbraban algunas rispideces, seguía componiendo. Tal vez, el boludeo más importante que haya sido documentado, por su carácter de reliquia.
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El pasado 5 de junio, el canto popular estuvo presente antes que los posteos en redes sociales. Como un ritual en el que los cuerpos se acompañan, la procesión tuvo el escenario fabril del Predio Gatica en el conurbano bonaerense. Pero este no fue el primer ritual, sino la expresión de muchos otros en los que se fue construyendo una identidad.
Un ricotero no nace en un concierto, ni nace con su primera remera, ni nace en una caravana. Un ricotero nace con la mitología, con los relatos de otros sobre la propia banda, con las teorías que buscan explicar la poesía de Solari y con la sumatoria de todas esas experiencias. El concierto, la remera, la caravana.
Para ponerlo en términos de lingüística saussureana, no hablamos solo de una lengua, de un idioma con sus reglas más o menos intransigentes, sino de un lenguaje: la práctica de hablar la lengua ricotera. Y es este lenguaje el que requiere del encuentro, porque como dice Fernando García “sin los cuerpos no hay lenguaje posible”.
A lo mejor, a la pregunta de principio no le cabe una respuesta. Sin embargo, en una sociedad donde la autogestión y la organización social tiene tanta relevancia en tiempos de crisis, las metáforas y las melodías ricoteras fueron el sostén, la música de fondo, una filosofía que hacía las veces de murmullo y de atmósfera. Esa misma atmósfera perdura en el contexto político similar que se vive en la Argentina de hoy, y a pesar de la partida física de un referente cultural y político como el Indio, la poesía deja marcas tatuadas en sus escuchas.

